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El Sueño Igualitario
 
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Tlfs.  978 849970  -  686 110069
 
528 páginas
15,5 x 22,5 cm
 

El libro “Entre la Cruz y la República, de Daniel Arasa, es en primer lugar una biografía detallada de Antonio Escobar Huerta, general para los republicanos, coronel para los franquistas, basada sobre todo en documentos extraídos de docenas de archivos, en los que, en unos casos microfilmados o digitalizados y en otros muchos no, el autor ha revisado cientos de legajos.

 

Desde el Acta de Nacimiento hasta la Partida de Defunción se recorre la trayectoria del personaje, pero la obra va mucho más allá de una biografía. La peripecia de Escobar permite explicar un buen número de aspectos y asuntos de la Guerra Civil a través de un mando de la Guardia Civil y del Ejército de la República que desempeña funciones importantes y es a la vez poco conocido.

 

 En el libro se aportan numerosos datos sobre la sublevación militar en Barcelona en julio de 1936, las persecuciones revolucionaris, la defensa de Madrid, los “Fets de Maig” (Hechos de Mayo) de Barcelona, la lucha en el frente de Extremadura, la relación de la Guardia Civil y la Generalitat, la politización del Ejército Popular, y otros muchos.

 

En paralelo, por ser Escobar una persona profundamente católica, se plantea el conflicto interno de los católicos que fueron fieles a la República a pesar de la persecución de que eran objeto la iglesia y los cristianos, así como la posterior represión franquista sobre aquellos católicos, no por sus creencias religiosas sino por la lealtad al Gobierno de la República.

   

El libro permite penetrar a la complejidad de la Guerra Civil, sin apriorismos ni simplificación entre buenos y malos. Una persona que por pensamiento, sentido del orden, fe católica y hasta por sensibilidad personal parece llamado a formar parte del bando sublevado, es sin embargo fiel a la República, lucha por ella y ocupa cargos importantes. Y no es un caso aislado. Pone en evidencia también el especial encono, el odio acumulado, con que los militares vencedores castigaron a los que fueron compañeros de armas a lo largo de muchos años pero optaron, o se vieron inmersos, en el bando contrario en el conflicto civil.

   

 

ENTREVISTA AL AUTOR, DANIEL ARASA

 

De la Guerra Civil Española se ha escrito tanto que parece imposible dar nada nuevo. ¿Qué aporta el libro?.

 

Es cierto que son miles los libros sobre la Guerra Civil Española, pero contra lo puede parecer, aseguro que en éste hay muchos datos inéditos y se aclaran otros que se conocían con errores o con escaso detalle. No es un refrito de otras publicaciones.

 

Es, de un lado, una biografía pormenorizada del general Antonio Escobar extraída en base a estudiar documentos tanto personales como de los organismos e instituciones en los que él estuvo.

 

Se han removido docenas de archivos, desde los militares, el de la Guardia Civil o el del Ministerio de Asuntos Exteriores, hasta la Causa y Consejo de Guerra de los Tribunales Militares. Se ha hecho lo mismo con archivos personales como el del general Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor republicano, que permiten explicar algunos asuntos militares que afectan a Escobar como los planes de operaciones del Ejército de Extremadura. En la correspondencia entre ellos se desvela un documento tan importante como la dimisión de Escobar por sus enfrentamientos con un asesor soviético que exigía fusilamientos de soldados de las unidades en que se producían deserciones. Se dan cartas a Josep Trueta, el médico que le operó de sus heridas. Se aportan datos de los procesos de beatificación de religiosos mártires que fueron asesinados en actuaciones de las que era protagonista Escobar. De otro lado, en las obras de Manuel Azaña, Zugazagoitia, Abad de Santillán y otros se hallan elogios a Escobar en diversas ocasiones.

 

Pero más allá del propio personaje, siguiendo la trayectoria de Escobar se explican diversos acontecimientos de la Guerra Civil prácticamente desconocidos o mal narrados. Las aportaciones del estudio son muchas. Destacaría dos.

 

 La matanza de militares y religiosos del convento de Carmelitas de Barcelona del 20 de julio de 1936. Se aportan datos nuevos y se clarifican detalles de la violencia allí practicada, incluida la cuantificación exacta de los religiosos asesinados y las circunstancias vividas. Algunos de aquellos carmelitas están entre los 498 mártires que fueron beatificados el pasado año.

 

 De otro lado se explica con gran detalle y documentalmente la ofensiva de Extremadura de principios de 1939, que dio lugar a una de las batallas más importantes de la guerra. Escobar estaba al mando del Ejército de Extremadura, uno de los cuatro Ejércitos que tenía la República en la etapa final del conflicto.

 

Nadie menciona esta ofensiva de Extremadura cuando se citan las batallas más importantes. Es prácticamente desconocida. ¿Fue tan importante?

 

Lo fue. Especialmente en tres aspectos. En primer lugar por ser el último coletazo del Ejército de la República. Su última ofensiva, a menos de tres meses de terminar la guerra.

 

En segundo lugar por el volumen de tropas puesto en juego. Que el Ejército republicano destine 100.000 hombres a una ofensiva en un área concreta se da sólo en cuatro o cinco casos en toda la guerra.

 

De otro lado, este proyecto era una de las grandes apuestas estratégicas del general Rojo y del Ejército Popular. Ciertamente cuando se llevó a cabo a finales del conflicto estaba devaluado, pero merece el estudio de los expertos. Fue una de las operaciones mejor diseñadas y ejecutadas desde el punto de vista militar. Y también bien estructuradas la resistencia y contraofensiva de sus adversarios.

 

Es cierto que esta batalla ha quedado silenciada. Coincidió en el tiempo con la ofensiva franquista en Cataluña a principios de 1939. El avance arrollador de los nacionales conquistando la región más industrial de España con la caída de Barcelona a punto de producirse, que colocaba definitivamente contra las cuerdas a la República, ocultaban en los medios políticos y periodísticos españoles y extranjeros los combates que se producían simultáneamente en los páramos extremeños, aunque se tratara de fuertes enfrentamientos y operaciones de gran interés estratégico.

 

Afirma que, además de algunos datos generales, en el libro hay muchas aportaciones puntuales

 

Son muchas. Las hay en la mayoría de capítulos. Por ejemplo, la investigación desvela una muy significativa: sólo el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, y el general (para los franquistas era sólo coronel porque no le reconocían el ascenso en la guerra) Antonio Escobar fueron ejecutados por los nacionales en los fosos del castillo de Montjuïc

 

El resto de condenados a muerte republicanos (en Barcelona), incluidos personajes tan relevantes como el general José Aranguren, fueron fusilados en el Camp de la Bota, donde hoy está el recinto del Foro de las Culturas. Los nacionales consideraban “tierra sagrada” el recinto de Montjuïc debido a que allí los republicanos habían ejecutado a cientos de los suyos, por lo que no quisieron fusilar allí a sus enemigos. Sólo hicieron las dos excepciones de Companys y Escobar.

   

Se clarifican algunos aspectos de cómo fue sofocada la sublevación de Barcelona el 19 de julio de 1936. Por ejemplo, cómo terminó el enfrentamiento en la Universidad de Barcelona y cómo Escobar detuvo a los sublevados.

 

Y por seguir con detalles puntuales. En el caso de Aranguren se aporta el documento por el que la Santa Sede pide su indulto a Franco. Cuando responden, Aranguren ya había sido fusilado.

 

Otro detalle personal de Escobar: era el teniente coronel que mandaba las fuerzas de la Guardia Civil que en mayo de 1931 evitaron que incendiaran el diario “ABC” cuando se produjeron graves tensiones y quema de conventos.

 

O se dan determinados datos de la guerra de Cuba al hablar de la familia, porque el padre de Escobar era comandante que murió luchando contra los norteamericanos en la batalla de Santiago de Cuba.

 

Son aspectos muy puntuales, pero la suma de muchos datos concretos es lo que configura al final una historia.

 

Coincide la aparición de este libro con las continuas referencias a la Memoria Histórica, centrada casi en exclusiva en la Guerra Civil y posguerra, y no siempre exenta de polémica

 

De entrada es bueno recuperar la historia y hacer justicia con todos. En unos momentos en que desde unos campos y otros aquella se reescribe, unas veces de forma correcta y otras muchas con gran partidismo y apriorismos, este libro recupera una parcela de historia pero no divide entre “buenos” y “malos”, ni tiene finalidad de desquite, ni de reabrir heridas. 

 

Y no por una actitud de artificial o estudiada equidistancia, sino por el rechazo a todo sectarismo, por reconocer que la realidad es muy compleja y que nadie tiene toda la razón. Creo que este libro es una aportación conceptual sintomática. Aun dando con crudeza los datos, es un libro para la reconciliación, no para el enfrentamiento.

 

Si me lo permite, Escobar, el protagonista, hubiera rechazado la menor insinuación de venganza.

 

No considero del todo acertado el enfoque que se ha dado a la Memoria Histórica y al Memorial Democrático. Recuperar y reconocer los hechos, por supuesto, pero hubiera sido mejor dejarlo en manos de comisiones de expertos.

 

Usted defiende la libertad política de los católicos.

 

No lo digo yo, sino que es clara doctrina de la Iglesia. Y más aún desde el Concilio Vaticano II, aunque tampoco se inventó en aquel momento. Ningún partido, ninguna organización, representa a la Iglesia. Sólo en casos muy extremos ésta, a través de los obispos, indica una posición política a adoptar, por la ideología o la praxis de algún partido. Los católicos actúan con responsabilidad personal.

 

En lo que hace referencia a la Guerra Civil no siempre se actuó bien desde la Jerarquía de la Iglesia católica española, pero merece la pena recordar, porque no sólo se olvida sino que continuamente se dice lo contrario, que desde la Iglesia no se participó en la conspiración militar y que al principio de la guerra la Jerarquía católica no adoptó ninguna posición, al menos de forma global. Fue más tarde, a raíz de una persecución implacable con miles de iglesias incendiadas, miles de sacerdotes, religiosos y laicos cristianos asesinados, cuando adopta una posición radical a favor de un bando, el franquista. La expresión más rotunda de esta identificación es la Carta Colectiva de los obispos españoles, pero es importante ver su fecha: es de un año después de iniciada la guerra (llevaba fecha de 1 de julio de 1937 y se hizo pública el 15 de agosto).

 

Fíjese, además, que la posición del Vaticano fue aún más moderada y que algunos obispos no firmaron la Carta Colectiva.

 

Los católicos, al igual que la mayoría de sus conciudadanos, pensaron en aquellas tensas jornadas de julio de 1936 que se trataba de un golpe de Estado similar a los producidos a lo largo de la historia de España y que todo duraría unos días. No podían prever la guerra y revolución que se desencadenó. Incluso aquellos que se sentían descontentos al ver la evolución de los acontecimientos estaban atrapados y difícilmente podían adoptar posiciones distintas a las que adoptaron.

 

Nunca, y menos en circunstancias tan dramáticas, podemos juzgar la conciencia de nadie. Los cristianos pueden mantener posiciones muy distintas, incluso contrapuestas, en temas opinables.

 

Supongo que ahí radica la idea del título “Entre la Cruz y la República”?

 

Ciertamente. La figura de Escobar es el paradigma de la lucha interior que sostuvieron muchos católicos. Una tensión, un desgarro, entre dos lealtades. De un lado, su fe católica. De otro, su fidelidad a la República. En su propio bando se producía persecución y asesinatos de religiosos y de personas católicas, quema de iglesias, prohibición del culto,  …, y ellos quedaban en medio. Muchos intentaron paliar en lo posible tales desmanes.

 

De otro lado, si no al principio de la guerra sí unos meses más tarde, se la consideró una Cruzada desde uno de los bandos. Esto podía afectar de forma clara a los católicos que permanecían al lado de la República. En cierto modo podría decirse que personajes como Escobar formaban parte de una Tercera España.

 

 Al desgarro interior por motivos religiosos se sumaba el enfrentamiento en el seno de sus propias familias. También en este aspecto la guerra fue un drama para miles de familias. En el caso de Escobar, mientras él ocupaba cargos de nivel alto en el bando republicano y tenía el apoyo del propio presidente de la República, Manuel Azaña, un hijo suyo falangista moría luchando a favor del otro bando. Otro hijo era oficial en las fuerzas republicanas. Y la hija era monja. Son tragedias personales y familiares dentro de la tragedia global de una guerra civil.

 

¿Por qué Escobar no se exilió al finalizar la guerra?

 

En los últimos días de la guerra hubiera podido salir de España y, sin embargo, decidió dejarse capturar. Se entregó en Ciudad Real.

 

El general nacional Juan Yagüe daba luz verde a través de una llamada telefónica para que pudiera marchar, pero Escobar estaba convencido de que había actuado correctamente y con buena conciencia, y no debía irse. Ello no impedía que intuyera que podían fusilarlo.

 

Así ocurriría.

 

Sí, tras una Causa y Consejo de Guerra con resultado previsible, sería fusilado en Montjuïc el 8 de febrero de 1940.

 

La sentencia fue ejecutada un mes y medio después de dictada por el Consejo de Guerra. Era un hecho infrecuente en aquel momento, dado que las ejecuciones solían ser muy inmediatas a la fecha de la sentencia, muchas a las pocas horas. Era una muestra de la presión de gente que abogada por el indulto de Escobar. Franco tardó en dar el “enterado”.

 

Aparte de condenarle como a muchos otros por “rebelión militar” --¡por no haberse sublevado sino seguido fiel al Gobierno de la República!—  las principales acusaciones contra él se centraron en su actuación en el convento de los Carmelitas de Barcelona. Se le culpó del asesinato de militares y religiosos a los que precisamente intentaba salvar. Es discutible si por adoptar una posición muy respetuosa con los que estaban sitiados dándoles tiempo de deliberar o contabilizándolos antes de salir no se actuó con suficiente rapidez, pero en modo alguno se le podía culpar ni de negligencia ni de sinrazón, sino todo lo contrario. A él personalmente lo redujeron por la fuerza los revolucionarios cuando intentaba salvar la vida de los militares rebeldes y se vio desbordado por una multitud enfurecida.

 

La realidad es que en su Consejo de Guerra estaba condenado de antemano. El motivo real es el de no haber secundado la sublevación. Más aún, oponerse a ella.

 

¿Cómo explica que este personaje haya quedado tan olvidado por los dos bandos?

 

En primer lugar porque era un personaje incómodo, especialmente para el franquismo. Un hombre profundamente católico, de intachable rectitud, que ellos fusilan en la posguerra.

 

Tampoco tenían gran interés en reivindicarlo la mayoría de republicanos. De un lado era uno más de los altos cargos militares represaliados, pero, además, no era un político, con lo cual no existía interés partidista en que alguien lo reivindicara como especialmente “propio”. La situación del exilio español en 1939-1940 tampoco facilitaba la atención sobre las víctimas del franquismo del primer período de posguerra.

 

Durante muchos años fue un gran desconocido. Con todo, a él se refería André Malraux como “Coronel Ximenes” en su famosa novela “L’Espoir”, y, sobre todo. salió a la luz con la novela “La guerra del general Escobar”, de José Luis Olaizola, que ganó el Premio Planeta en 1983. Estuvo en el candelero por unos meses, con varios artículos en revistas históricas, pero volvió al olvido.

 

Esta biografía que ahora publicamos lo rescata del silencio, con datos documentales que van más allá de una semblanza personal o una narración novelada. Que conste que considero muy buena la novela de Olaizola.

 

Escobar era guardia civil. ¿Qué aporta el libro en este campo?.

 

Se dan datos muy poco conocidos sobre la actuación en la guerra de la Guardia Civil, transformada en Guardia Nacional Republicana. Entre otros las numerosas deserciones. Por otro lado se aporta una amplia información sobre el traspaso y adscripción de la Guardia Civil a la Generalitat, y cuanto ello comportaba.

 

A nivel personal, Escobar, como la Guardia Civil en general, era visto con hostilidad por anarquistas, comunistas y republicanos en general, pero él cambió la concepción que tenían. Y consiguió su respeto.

 

Usted afirma que Escobar reúne condiciones para poder ser beatificado por la Iglesia

 

Así lo afirmo y lo he dicho públicamente. La muerte de Escobar fue ejemplar. Los testimonios son impresionantes, tanto de los testigos como de los textos que él redactó en las semanas previas a su ejecución. Pero ejemplar es también su vida.

 

Era un hombre piadoso, terciario de la orden de las Adoratrices, de una enorme fidelidad al deber, entregado a su familia, impregnado de espíritu cristiano. Vivió todas las virtudes, también las cívicas, y aceptó de forma absoluta la voluntad de Dios. Baste este ejemplo: cuando le comunicaron la sentencia de muerte y tuvo que firmarla escribió “Bendita sea la Divina Voluntad”. Se puede comprobar en la sentencia.

 

Lo que no he dicho en ningún momento es que se le pueda considerar “mártir de la fe”. La vida de Escobar fue de gran entrega y su muerte fue ejemplar, pero no le ejecutaron por su fe católica, sino porque no se sublevó contra la República. Pero muchos santos y beatos cristianos no son mártires.

 

 Al íntimo convencimiento de que Escobar tiene méritos y ejemplaridad para ser beatificado sumo lo que en mi opinión es el sentido de oportunidad. Con toda justicia se ha beatificado a religiosos o laicos cristianos que fueron asesinados por los “rojos”, pero no estaría de más que se hiciera lo mismo con algunos católicos del otro bando. También había personas católicas de gran entrega y ejemplaridad.

 

¿Qué la cautivó de la figura de Escobar?.

 

Ante todo sus virtudes. Era un hombre de una pieza. Una persona leal, fiel, honesta hasta el extremo, trabajadora, austera, sencilla, cumplidora del deber, con espíritu de servicio, valiente, sincera y amante de la verdad, agradecida a quienes le ayudaban, exigente con los demás pero más consigo mismo, que jamás denigraba a nadie, alejada de todo sentido conspiratorio, dedicado a su familia y a los pobres, que ayudaba a los demás, respetuoso con sus superiores y afable con sus subordinados. Todo ello incrementado por una profunda fe católica.

 
 

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